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Aurora FC, el club que resiste contra viento, marea y topadoras inmobiliarias

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El club de Moreno puede ser desalojado y busca que su espacio social y deportivo siga en pie.

El Aurora FC vive días de ansiedad y tensión debido a que por la falta de respuestas podría ser desalojado de su predio de Moreno el cual sirve como espacio de niños, niñas, adolescentes y adultos que no solo practican fútbol sino que también reciben la contención necesaria por la crisis alimenticia que se vive por la pandemia.

Y es que el club que tienen más de 33 años, tiene un juicio pendiente por la venta de sus tierras y pese a que la pandemia estiró el tiempo del desalojo, en un mes se puede quedar sin un espacio clave para el barrio y para los vecinos que no solamente van a practicar fútbol sino que los jueves reciben su merienda y los sábados se organizan para transformar el club en una olla popular.

«Todo esto arranca hace mucho tiempo, el club tiene 33 años y este juicio viene hace mucho tiempo, solamente que el abogado que tenia el club junto con la presidenta anterior no pudieron hacer nada para resolver la problemática«, explica Eva Ruiz Díaz, quien hoy preside la institución.

Y continúa: «Pasó el tiempo, el club necesitaba presentar balances, tener activa la personería jurídica porque sino el club dejaba de existir, llegamos nosotros como nueva comisión, nos hacemos cargo, presentamos todos los balances pero una vez que nosotros ingresamos nos enteramos que había un juicio pendiente, que había una persona que vende este lugar y luego de comunicarme con la anterior presidente me confirma que si había un préstamo del espacio, en su momento había llegado a un acuerdo con IDUAR para que el lugar sea cedido al club».

Con relación al momento que atraviesan, Eva Ruiz Díaz destaca: «La pandemia en cierto modo esto haya sido el desalojo no haya sido antes porque nosotros teníamos fecha de desalojo para marzo del año pasado. Hace como veinte días vienen de moreno a intimar a mi compañera sin dejar ningún tipo de nota o algo que informara la intimación y cuando podría ser el desalojo, de todos modos y antes de esa visita habíamos contactado por intermedio de un integrante de otro club colega a través a un asesor que nos informa como eran las cosas y que iba a hacer todo lo posible para salvar el espacio y quedarnos donde estamos».

A su vez, el club mantiene esperanzas que no se realice el desalojo pendiente por las gestiones del abogado: «Nosotros golpeamos puerta tras puerta y el poco tiempo que estuvimos la verdad es que no veíamos solución de absolutamente nada, ya lo veíamos perdido, esta persona nos hace contacto con un abogado que se pone a nuestro servicio y llega el día de hoy que el desalojo no se hace porque se presentan notas en el juzgado, en provincia, en ciudad, en deportes, en el consejo deliberante».

Aún así el temor a quedarse sin el espacio continúa: «Hace un par de días nos reunimos en la municipalidad y no nos dan ningún tipo de solución, pero parece que en algún lado apretamos que la municipalidad y algún abogado de ahí adentro llama o averigua al juzgado en conjunto con nuestro abogado y se llega a la revocación de este desalojo de hace 48, nos dan tiempo hasta el 6 de abril, así que seguimos movilizándonos, el abogado sigue actuando, nuestro asesor nos sigue informando los pasos a seguir y vamos a hacer todo lo que legalmente esta en nuestras manos como corresponde».

Ese vínculo con el espacio, ese sentimiento de pertenencia con el barrio, hace que vayan hasta las últimas consecuencias: «Ya no vamos a parar, nosotros tenemos gente que viene al comedor y nosotros no podemos dejar de hacer esta ayuda social que la hicimos toda la pandemia porque la realidad es que la gente la necesita, jamas tuvimos ayuda de ningún lado y la verdad que ir a mendigar a la municipalidad para que te de un paquete de fideos para hacer un guiso para la gente es vergonzoso porque ellos mejor que nadie saben la situación que se esta pasando, porque nosotros como club seguimos asistiendo a la gente».

El club necesita que lo escuchen. Necesita que las autoridades municipales y provinciales le aseguren que el espacio utilizado por chicos y chicas de siete años hasta adultos de más de cincuenta seguirá existiendo.

El club hoy depende de una resolución judicial, pero antes de exigir su desalojo, el poder judicial debe saber que si tira para el lado del más poderoso centenares de chicos, adolescentes y adultos se quedarán en la calle y sin un espacio donde patear una pelota y gritar un gol.

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